jueves, 22 de noviembre de 2012

La larga espera



Y le creció una flor en el pelo. Plumas en el sombrero y raíces en los pies.
La postura era perfecta, de pie en el muelle junto al mar, esperaba, sujetando una sombrilla blanca. Ya nadie recordaba a qué o por qué esperaba, pero allí seguía petrificada. Los niños jugaban a su alrededor, se escondían detrás de su falda. Las madres recortaban trocitos de tela de su ropa para hacer trajes a las muñecas de sus hijas, y los hombres todavía se giraban a mirar a la mujer de ojos grandes y expresión ansiosa.
Un pájaro marrón pasó una tarde entera construyendo su nido en el brazo en alto que sujetaba la sombrilla. Montoncitos de sal llevada por el viento, corroían su piel haciendo formas extrañas de sus mejillas antes redondas y su nariz recta.
Muy lentamente, se fue marchitando, las plumas cayeron y el ala del sombrero se partió en dos, enredándose en el larguísimo pelo blanco floreado de la ahora anciana. Su espalda se arqueó, la ropa fue cayendo y la sombrilla perdió todo excepto su esqueleto.
Llegado el momento, se cansó de esperar, miró a su alrededor por primera vez en décadas y se lanzó al mar.

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